Trabajo en equipo y equipos de trabajo


Un equipo de trabajo comprende a cualquier grupo de personas unidas con un objetivo común. Todo grupo (laboral, académico, religioso, deportivo, amistoso, filantrópico, familiar, etc.), tiene un objetivo o propósito, una constitución y una estructura material.
El éxito o logro constante del propósito de cada grupo humano depende del grado de enfoque objetivo y acción dirigida que tengan los miembros que lo constituyen. El fracaso o disfunción del grupo humano se debe básicamente al desenfoque objetivo y acción arbitraria que tengan los miembros que lo constituyen.
Si observamos los casos de una empresa de servicios, una asociación de conservación de especies, una iglesia, un club de industriales y una familia. Todos ellos están constituidos por personas que tienen un papel determinado, esto es, cada integrante desarrolla o debe desarrollar, un número determinado de funciones. A nivel material, cada uno de estos grupos, cuenta con un aporte económico, que puede ser dinero en efectivo o tiempo productivo, y con uno o varios espacios físicos donde se reúnen, cumplen sus funciones y sus integrantes se relacionan entre sí.
El objetivo o propósito de la empresa de servicios es ser útil a sus consumidores y a sus integrantes; el objetivo de la asociación de conservación de especies está implícito en su nombre “conservar especies”; el objetivo de la iglesia es guiar espiritualmente a sus feligreses; el objetivo del club de industriales es generar oportunidades de negocio y seguridad a sus socios; y el objetivo de la familia es lograr sociedades sanas e íntegras. Estos por sí mismos, son objetivos tácitos, implícitos o dicho de una forma más coloquial, obvios, que se suponen.
Y precisamente dejar los objetivos en lo obvio, tácito o implícito, los vuelve subjetivos. Vivir, trabajar o desarrollar cualquier acción en lo subjetivo es vivir, trabajar o accionar desenfocadamente, y esto es sinónimo de fracaso y frustración.
Seguramente muchos de nosotros hemos experimentado un trabajo, un estudio académico, una amistad, o incluso una familia disfuncional. ¿Cómo es la sensación de convivencia y productividad en estos casos? ¡Terrible! ¿Cierto?
La definición de objetivos de los grupos antes mencionados fue tarea de sus fundadores o de su mesa directiva, y la responsabilidad de mantener el accionar del resto de los integrantes, orientada con el valor de esos objetivos, también es responsabilidad de ellos y de sus sucesores.
Una persona que pide trabajo a la empresa de servicio, desconoce en primera instancia dichos objetivos, luego de un periodo de inducción a la empresa, capacitación al cargo, y aplicación y relación con el equipo, los hará suyos en la medida que perciba el desarrollo mostrado por las personas que trabajan ahí. Si el actuar de los que ya pertenecían a la empresa es objetivo, el proceder del nuevo empleado será objetivo; de los contrario, el nuevo empleado tendrá una tendencia natural a imitar el comportamiento inconsistente que percibe.
De la misma forma, de una familia recién formada dependen los objetivos familiares, la conservación de los mismos o la adopción de nuevos. Luego de un tiempo de convivencia en la pareja, llega el primer hijo. ¿Qué parecido tiene un hijo en la familia a un empleado nuevo en la empresa de servicios? El parecido es, que ambos son seres esperados, de los cuales depende su respectiva trascendencia. Veamos ahora las diferencias: la principal diferencia radica en el antecedente de ambos. El único antecedente del niño es la relación misma de sus padres, mientras que el empleado nuevo tiene ya un número de años en los que ha recibido una formación modelada por su propia familia, academia, religión, amistades y voluntad propia.
Si analizamos el antecedente o formación del empleado nuevo y llegamos a la conclusión de que ésta es débil, irregular o incluso antisocial, esto es incluso poco representativo para su integración a la empresa, porque el deseo de pertenecer, de afiliarse, y sobre todo de ganarse la vida, le darán motivos de aprender nuevas formas de relacionarse y trascender. Ahora viene el hecho de que se mantenga en dichos motivos, aprenda, se relacione mejor y trascienda positivamente. Esto último sólo se obtendrá con un ejemplo consistente basado en propósitos y valores de trascendencia.
Veamos el caso del niño recién llegado a la familia. El proceso de aprendizaje de este ser humano comenzó desde la gestación, continua con cada día de vida y se forja con el ejemplo que recibe de sus padres, familiares cercanos o personas que le rodean, se acentúa con la escuela académica y la escuela religiosa, con las costumbres sociales en las que ha vivido y con cada una de las decisiones que toma y emprende. Si el niño cuenta con unos padres que guíen, estimulen, corrijan y den seguimiento a las decisiones del niño, éste aprende a diferenciar lo que es aceptado de lo que es rechazado, y por su necesidad de afiliación o pertenecía, por cuenta propia se mantiene en decisiones y actos aceptados y que benefician su integridad, la de la familia y su favorable inserción en el grupo social. Por el contrario, si lo padres festejan acciones que deben rechazarse y pasan por alto cualquier corrección, el niño crece con el sentimiento de que será aceptado en toda suerte de acciones, incluso bárbaras, que cometa. ¿Por qué un niño pequeño golpea, dice o hace groserías, pataletas o berrinches? ¡Exacto! ¡Pensaste la respuesta correcta! La respuesta correcta es, “porque el golpe, la grosería o el berrinche es algo que hacen sus modelos”. ¿Por qué un niño pequeño es feliz, espontaneo y desinhibido? La respuesta es, “porque esa es su naturaleza de niño” y también “porque su naturaleza conserva su esencia por el ejemplo asertivo y relajado de sus padres o modelos.”
Con esto es suficiente, creo yo, para dejar claro que el antecedente o grado de formación es de gran importancia en el conocimiento, compenetración, comunicación, nivel de compromiso, solidaridad entre los integrantes de un equipo de trabajo de cualquier rubro. Es menester que los líderes se apliquen a conocer e integrar a su equipo, a capacitarlo, asignarle funciones, corregirlo, incentivarlo y dar seguimiento puntual. Después de un tiempo, el líder extraerá gente con perfil de liderazgo de su mismo equipo y le delegará funciones que estos desempeñarán con voluntad y convicción; y guiarán a sus subordinados de una forma parecida a como fueron guiados ellos mismos.
Tener equipos de trabajo es algo sencillo en extremo, basta con contratar gente y asignarle funciones. Trabajar en equipo también es sencillo, hay que aceptar que cada ser piensa y es diferente, hay que asignar funciones, enseñar con el ejemplo correcto, atender y corregir cuantas veces sea necesario con un grado de paciencia asertivo, generar alicientes o motivaciones derivadas de las mismas necesidades del equipo de trabajo y generar con hechos, la perspectiva de continuidad, constancia y trascendencia.
Cuando el trabajo se hace en equipo, las actividades fluyen de manera más rápida y eficiente. Hay que fomentar el entendimiento mutuo, aceptar que cada uno de nosotros piensa diferente, conocer y respetar la individualidad de los miembros y, enfocarnos en seguir el propósito del grupo al que pertenecemos, precisamente allí está la clave vivir exitosamente, en saber cómo desenvolvernos con un grupo de personas cuyas habilidades, formas de pensar y disposición para trabajar, en algunas ocasiones, difieren de las nuestras.
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